La amena y magistral lección de Azucena Hernández

En principio, una conferencia titulada "Astrolabios y azafeas: arte y ciencia en el Toledo taifa del siglo XI", pudiera parecer no apta para no especialistas. Sin embargo, la profesora Azucena Hernández, nos dio el jueves una auténtica lección de cómo un tema tan técnico y escabroso puede resultar no sólo muy didáctico, sino extraordinariamente entretenido.

Así lo percibieron todos los asistentes a la primera de las conferencias de nuestro nuevo ciclo sobre "Cultura y pensamiento en el Toledo medieval" que no ahorraron elogios para la ponente. Algunos incluso reconocieron que por primera vez habían entendido no sólo lo que eran los astrolabios y las azafeas, sino su funcionamiento y las utilidades para las que fueron creados.

Como asociación sentimos el orgullo de contar con colaboradores de la talla de Azucena Hernández y de otros que nos seguirán aportando sus conocimientos en los dos jueves siguientes. Y especialmente de nuestro socio y amigo Óscar Monterreal que, una vez más, nos da prueba de su entusiasmo y buen hacer organizando estos ciclos de conferencias tan amenos y provechosos.

Recordamos también a Clara Delgado con ocasión de cumplirse 30 años de la publicación de su libro "Toledo islámico: ciudad, arte e historia", obligado referente para todo aquel que pretenda acercarse al conocimiento de ese período de nuestra historia. Como señaló nuestro vicepresidente, el arqueólogo Ramón Villa, el libro de Clara fue producto de un trabajo muy serio y bastante complejo para la época en que fue realizado, que permitió abrir nuevas líneas de conocimiento e investigación que todavía hoy continúan. Y aunque algunos de los planteamientos que Clara realizó, hoy se han visto modificados en razón de nuevas investigaciones, su aportación fue muy importante.

El presidente de Tulaytula, Miguel Larriba, por su parte, recordó que son ya más de cinco años los que han transcurrido desde que el Pleno del Ayuntamiento de Toledo aprobara, por unanimidad, la dedicatoria de la Plaza de las Fuentes a Clara Delgado, sin que hasta el momento se haya materializado este homenaje con la colocación de una placa que así lo testimonie, a pesar de las reiteradas peticiones al respecto que desde la asociación se le ha realizado.

 



Ciclo de conferencias sobre cultura y pensamiento en el Toledo medieval

L


   Los métodos tradicionales de estudio de la Historia se basan en el conocimiento de sus grandes personajes y hechos más relevantes. Algo necesario, sin duda. Pero si nos detenemos en lo que pasó y quién lo hizo  estamos realizando un acercamiento tangencial a esta disciplina. Los grandes acontecimientos bélicos, los conflictos sociales que marcaron el destino de una comunidad, las manifestaciones artísticas más importantes, el desarrollo de la tecnología… ocurren porque hay un cultivo intelectual y corrientes de pensamiento que los permiten. Es decir, necesitamos también saber por qué. Conocer las ideas que provocan los hechos es imprescindible para obtener una visión completa del pasado.
   En este nuevo ciclo de conferencias intentaremos descifrar algunos de los principios de las corrientes de  pensamiento más destacadas que fluyeron en el Toledo medieval. ¿Qué hay detrás de la creación artística y filosófica, de la científica, de la normativa religiosa, de los movimientos políticos?
   Cinco especialistas en la Edad Media toledana, con un amplio recorrido académico y docente, transmitirán en sus conferencias las claves del pensamiento y la cultura de esa época,valiéndose de la obra de algunos personajes del momento. Unos muy conocidos, otros menos, pero caracterizados todos por su mente inquieta y su aportación para crear y sostener el aura de Toledo como ciudad intelectualmente activa e innovadora.










La Patrulla del SEPRONA de Toledo, Premio Clara Delgado Valero




 El 26 de enero de 2017, la gran familia de esta asociación, junto a un nutrido grupo de personas, representantes de todos los sectores de la sociedad toledana, tuvimos ocasión de rendir un sencillo pero entrañable homenaje a los miembros de la patrulla del Servicio de Protección de la Naturaleza (SEPRONA) de Toledo, justos merecedores del Premio Clara Delgado Valero, en su VIII edición, “por su activa y eficaz labor, desconocida para la mayor parte de la sociedad, en pro del conocimiento, control y protección del patrimonio histórico-arqueológico en toda la provincia”.

El jurado, que tomó este acuerdo por unanimidad, destacó también la abnegada actividad a pie de campo que realizan los miembros de esta unidad de la Guardia Civil, que se ha revelado como la más eficaz medida contra las redes de expoliadores y para la localización de restos históricos muchas veces desconocidos por los expertos, como es buena prueba el reciente hallazgo de un conjunto fúnebre visigodo en Menasalbas.


En el curso del concurrido acto, celebrado en el Hotel San Juan de los Reyes, el presidente de la Asociación, Miguel Larriba, expresó la satisfacción de todos por poder contribuir con este premio a hacer más visible la labor de protección de nuestro patrimonio histórico por parte del SEPRONA, señalando que es un premio que entregan ciudadanos normales y corrientes que quieren reconocer un trabajo bien hecho y agradecer la abnegación y la eficacia con que lo realizan.

Seguidamente, el arqueólogo Bienvenido Maquedano hizo la presentación (o laudatio) de la entidad galardonada (que por su especial interés reproducimos en su integridad más abajo) y, por último,la estatuilla que simboliza el premio, obra de Julio Martín de Vidales, le fue entregada al coronel jefe de la Comandancia de Toledo, Luis Rodríguez Martínez, por nuestro vicepresidente y también arqueólogo, Ramón Villa González.

El coronel Rodríguez Martínez, puso final al acto de entrega con unas sentidas palabras de agradecimiento en nombre de los miembros de la Guardia Civil galardonados, todos ellos también presentes en el acto junto al subdelegado del Gobierno, Fernando Sanz García.

Cabe destacar también la asistencia del único representante del Ayuntamiento de Toledo, Javier Mateo, que tuvo la deferencia de acompañarnos tras la finalización del pleno corporativo que había tenido lugar esa misma tarde.

Como en todas las anteriores ediciones, igualmente, tuvimos la satisfacción de contar entre los asistentes al acto a Juan Ignacio Aragonés, marido que fue de Clara Delgado, aunque esta vez no pudo venir acompañado de su hija, Blanca, que se encuentra fuera de España en razón de su trabajo.



LAUDATIO DE LA PATRULLA DEL SEPRONA DE TOLEDO
por 
Bienvenido Maquedano Carrasco.




1986. Entre nosotros la llamábamos “La Caoba”, por su pelo colorado, claro. A fin de cuentas, teníamos 18 años y el ingenio no nos daba más de sí. Fue mi primera clase como universitario y salí de ella algo trastornado. En el estrado estaba Clara, con su melena, su vestido de saco y sus medias de colores chillones, su desenfado en el hablar y sus consejos interminables para que nos pusiésemos las pilas con los idiomas y la informática, y leyésemos sin descanso, y fuésemos a alguna excavación arqueológica, y viajásemos, y empezásemos ya mismo a comparar las formas de ver el Arte que tenían Gombrich y Hausser. Seguí con ella en segundo de carrera, le perdí la pista cuando se marchó a la UNED y la volví a recuperar como consejera cuando yo tuve mis primeras direcciones arqueológicas en la ciudad. De nuevo la volví a perder y ya sólo supe de ella gracias a Pepa, una amiga común que me fue informando de su cáncer hasta el final. Por todo ello, entenderán lo importante que es para mí tener hoy un pequeño papel en la entrega de este premio que, además de honrar al premiado, nos aviva el recuerdo de la figura de Clara, de su risa potente y de sus vibrantes colores.

En el año 1986 también tuve mi primer encuentro con la arqueología toledana. Todavía faltaban cuatro años para el nacimiento de la Ley de Patrimonio de Castilla – La Mancha y la profesión de arqueólogo no estaba bien definida. Más o menos la cosa funcionaba por el sistema de la denuncia. A saber: un arqueólogo se topaba con una obra en el casco de Toledo, recuperaba un capitel islámico de un contenedor, o dos puñados de cerámica romana, escribía un informe-denuncia que presentaba en la Consejería de Cultura, la obra se paralizaba y el arqueólogo, en un clima absolutamente hostil, excavaba lo que le resultaba posible en un plazo reducido y ponía una vela a San Judas para que alguien le pagase. Con la Ley de Patrimonio y la profesionalización del arqueólogo las cosas mejoraron sensiblemente, pero el número de obras ilegales siguió siendo importante. Incluso hoy, con el control establecido sobre las licencias municipales, la declaración de Patrimonio de la Humanidad, el Plan de Ordenación Municipal, el Consorcio, la Junta, el arqueólogo municipal, la concienciación social, y un largo etcétera, sigue habiendo una lucha constante entre los defensores del Patrimonio y los empeñados en su destrucción. El bien y el mal de las novelas, hobbits contra orcos, Potter y Voldemort, materializado en dos polos cuyos miembros no siempre están situados en el mismo lugar. Digamos que no siempre el arqueólogo es el único bueno y el arquitecto y el constructor son los únicos malos. En este mundo difícil, cambiante, de tonos grises más que de blancos y negros, yo encontré un faro por el que guiarme.

Supongo que me comprenderán si les digo que me pongo nervioso cuando tengo a un guardia civil al lado. De pequeño, en el pueblo, vivía junto a la carretera, a poca distancia del cuartel de la Guardia Civil. Los guardias patrullaban a pie, en parejas, tocados con tricornios de charol. Teníamos un perro, un mestizo de mal genio y talla corta llamado Curro (por Curro Jiménez, se entiende), que se pasaba la vida ladrando a los coches y enseñándoles los dientes a los guardias, que se defendían sin esfuerzo dándole pases con sus amplias capas verdes. Desde mis pocos años, aquellas figuras altas, toreras y armadas me parecían temibles. Luego pasó el tiempo, y uno de mis mejores amigos de adolescencia(Catalino) resultó ser hijo de guardia, y desaparecieron las capas y los tricornios, y elcuatro latas verde y blanco con el que salían al campo fue sustituido por un todoterreno. De tierras vascas llegó un cabo que revolucionó al pueblo por su control de los delincuentes en unos años de auge del tráfico de drogas, y por una prodigiosa memoria en la que archivaba todas las matrículas y relaciones familiares de los 1.500 habitantes del pueblo, y de aquellos que pasábamos algún fin de semana de visita. Gracias a ese cuartel y a sus sucesivos inquilinos, El Puente del Arzobispo ha sido el lugar más tranquilo en el que he vivido.

Aun así, como decía, cuando voy al volante de mi coche y veo unas luces azules detrás, me intranquilizo. ¿Tendré un piloto fundido? ¿Habré pisado una línea continua? ¿Tengo los papeles del seguro en la guantera? ¿El pollo a la cerveza que me he comido dará positivo? El padre de una de mis mejores amigas es guardia civil jubilado,un sargento de los de tráfico y moto, y aunque he vivido algunos días con él en su casa de vacaciones, y leído varias de sus novelas de Marcial Lafuente Estefanía, me sigue infundiendo mucho respeto. Con todos estos traumas, manías y temores de guardias vestidos de superhéroe, gesto ceñudo o con el bolígrafo de multar desenfundado, llegó el día en que conocí a la Patrulla delSeprona.

2005. Acababa la primavera y descolgué el teléfono. El Plan de Ordenación Municipal estaba en marcha, urgía su aprobación, y la Carta Arqueológica existente tenía muchos errores que había que enmendar. Sin apenas plazo, con un equipo improvisado de arqueólogos y arquitectos, nos tocaba presentar un documento coherente que sirviera para proteger el rico patrimonio arqueológico del término municipal de Toledo. 230 km2 de superficie imposibles de prospectar adecuadamente en un par de meses. La tarea era inabordable. ¿Saben cuántas fincas valladas y cerradas a cal y canto hay en el término municipal? ¿Cuántos caminos inaccesibles para un Seat Ibiza? ¿Alguien cree que puede entrar a pecho descubierto en el poblado del Cerro de los Palos? ¿A santo de qué me va a abrir la puerta de su fortaleza el guardés de Las Nieves? ¿Cómo se vence la resistencia del agricultor de turno para que te cuente dónde aparecen restos de cerámica, dónde ha encontrado huesos o monedas o muros enterrados? Pues bien, todos esos imposibles tuvieron una única solución: la Patrulla del Seprona.

Conocí el trabajo delSeprona a pie de campo, subido en la trasera de su cuatro por cuatro, viendo su dominio acrobático de las motos trialeras al sortear arroyos, peñas y ribazos. Compartí jornadas de polvo y calor, botellas de agua, desayunosde chorizo y panceta, y un millón de baches, tantos como en un pequeño Dakar. Tuve un estrecho contacto con Modesto Siles Heredia, el cabo primero rubio que desde el primer momento hizo suya la responsabilidad de mi trabajo; y conlos guardias José Pedro Armas Egea, que al dejar la Patrulla por los radares y las comunicaciones fue sustituido por José Manuel Albarrán Díaz; Francisco Rafael Merlo Vinuesa (Paco), el andaluz que se apasiona por el mundo de las motos;y con Atanasio Sánchez Rojas, que es de Santa Bárbara de toda la vida y, según él, el más guapo de todos.

Yo ni siquiera he hecho la mili. Por eso me costó entender cómo funciona la Guardia Civil. Pero cuando comprendí el engranaje, todo fue asombrosamente sencillo. Tengo mucho que agradecer a los hombres que he citado, pero su colaboración vino auspiciada por elCapitán Adriano Palacios, y se mantiene gracias a la sensibilidad del Teniente Jefe de Sección y mando directo de la patrulla, Manuel Ángel Gómez Arévalo,hombre de trato amigable,que impulsa y autoriza el trabajo en común; y el Coronel Jefe de la Comandancia de la Guardia Civil en Toledo Luis Rodríguez Martínez, sin cuyo ánimo, implicación, espíritu y sentido del deber el patrimonio estaría seriamente desprotegido y a merced de los malos.


Compartí la emoción del descubrimiento de yacimientos prehistóricos, entramos agachados en los búnkers de la Guerra Civil, charlamos con cazadores, guardeses y labriegos y, en todo momento, vi cómo las puertas más cerradas se abrían a su paso. La Carta Arqueológica es mejorable, con mucho más tiempo y recursos de los que tuvimos, pero el documento final fue muy digno gracias al apoyo incondicional del Seprona. De mi duro verano saqué quemaduras solares, broncas con el Ayuntamiento, desencuentros con la Consejería de Cultura, y enemistades con parte del equipo de arqueólogos que siguen sin estar enterradas del todo, pero ante todo obtuve una buena amistad con tres guardias y un cabo, un enorme respeto hacia las personas que los dirigen y comandan, y un poste firme al que anudarme cuando mi fe en el sistema de protección del patrimonio se tambalea (que es muy a menudo).
 
El jurado dice que concede el premio “Clara Delgado Valero” a la patrulla del Seprona “por su activa y eficaz labor, desconocida para la mayor parte de la sociedad, en pro del conocimiento, control y protección del patrimonio histórico-arqueológico en toda la provincia. El jurado ha destacado también la abnegada actividad a pie de campo que realizan los miembros de esta unidad de la Guardia Civil, que se ha revelado como la más eficaz medida contra las redes de expoliadores y para la localización de restos históricos muchas veces desconocidos por los expertos”. Yo quiero añadir algo de mi cosecha a todas estas razones.

 Hace unos años, el Seprona se acercó al Colegio Público San Lucas y María para dar una charla y mostrar en qué consiste su trabajo. En el patio colocaron dos de sus motos de campo. Dicen que todos los niños quieren ser bomberos, pero ese día cambiaron el sueño de tocar la campana de un camión rojo, por el de convertirse en jinetes de aquellas máquinas enormes. Entre los niños estaba mi hijo Miguel. Recuerdo que volvió a casa con la emoción pintada en la cara, contando su experiencia encima de la moto y las cosas que era capaz de hacer uno de los pilotos. No te lo imaginas, papá. “¿Has conocido a un guardia que se llama Paco? Hemos compartido coche y chuletillas en alguna ocasión”. Y, por si alguno tiene dudas, les diré que ese día sentí que la admiración natural que todo niño pequeño tiene hacia su padre crecía del mismo modo que se abrían sus ojos por la sorpresa. Era como si se hubiese enterado de que yo tomaba café con Spiderman.

Sigo de cerca los premios que otorga Tulaytula. Me gustan su independencia, su buen criterio, la diversidad de los premiados, y hasta la estatuilla de Martín de Vidales. Es cierto que no siempre estoy de acuerdo con la persona elegida, pero este año, a mi entender, han dado en el centro de la diana al conceder el premio a quien patea las calles y los campos para cuidar de lo que es de todos. Gracias a su celo hay menos furtivos, y el patrimonio histórico tiene quien lo defienda fuera de los despachos. Y resulta que esos defensores,sin superpoderes, sin capas (para mi tranquilidad; aunque con tricornios en días de gala),no son blancos o negros, ni siquiera grises, sino de color verde.Verde como el premio “Clara Delgado”. Verde guardia civil.

Muchas gracias.



Asamblea general y visita a San Clemente

El 21 de febrero la asociación celebró su asamblea general en la que se dió cuenta a los socios de las actividades desarrolladas a lo largo del último año y las previsiones para los próximos meses, así como el balance de cuentas de 2015 y el presupuesto para 2016, asuntos todos que recibieron el respaldo unánime de los socios presentes en el acto, que tuvo lugar en el Centro Cultural San Clemente, cedido amablemente por la Diputación Provincial.
A continuación se llevó a cabo una visita al vecino convento de San Clemente el Real, contando para ello con la colaboración del Consorcio de Toledo y las interesantes aportaciones de los arqueólogos Ramón Villa y Elena Sánchez Peláez.


Visita a la Fábrica de Armas


Después del descanso estival, reiniciamos nuestros paseos y visitas por el patrimonio de nuestra ciudad, empezando por la Fábrica de Armas de Toledo, creada por Carlos III, de la mano de nuestro socio de honor, Pedro García-Asenjo, y de Ramón Villa. Pedro nos hizo disfrutar con sus vivencias durante tantos años de trabajo en este bello lugar donde pudimos descubrir un magnífico busto de Carlos III creado por él. Ramón, por su parte, nos instruyó sobre la creación y finalidad del edificio y su rehabilitación, consiguiendo lo que parecía imposible, sorprender a Pedro al visitar zonas que él no conocía. Rematamos la visita con una cena de reencuentro donde disfrutamos de buena comida, divertida conversación y excelente compañía.

 Reportaje de Canal Diocesano de Televisión sobre la Fábrica de Armas, con la participación de nuestro socio de honor Pedro García-Asenjo.